Loreto, tú acabas de pasar las Bodas de Marfil. Hay aniversarios mucho menos conocidos, y con más tradición en otros países:
Bodas de Papel, 1º año (jeje debe ser por ser el principio y lo frágil que es)
Bodas de Madera, 5º año (aquí ya es que empiezas a hacer callo)
Bodas de Estaño, 10º año (porque tienes que decidir entre hacer daño, o no)
Bodas de Cuero, 12º año (porque ya empieza a curtirse)
Bodas de Cristal, 15º año (suele coincidir con la crisis cuarentona)
Bodas de Porcelana, 20º año (si has superado la anterior, esta es ir por el filo de la navaja; o me quedo o me voy)
Bodas de Plata, 25º año (ya entramos en los metales preciosos, porque tiene mérito)
Bodas de Marfil, 30º año (graves tentanciones; pistas: ¿de donde viene el marfil? ¿qué tienen los elefantes? ¿a qué se parecen los colmillos?

)
Bodas de Lana, 40º año (ya está uno para pocos trotes y mejor acurrucarse)
Bodas de Seda, 45º año (todo el que la haya tocado sabe que es suave y adaptable, aunque también puede ser fría)
Bodas de Oro, 50º año, (pues eso, de medalla de ídem)
Bodas de Diamante, 60º año (pues ya ves, la os

)
Respecto a cómo se celebran estos aniversarios, hay que distinguir entre bodas laicas y religiosas. La norma general es que en las bodas de plata, oro y diamantes, la pareja suele invitar a amigos y familiares a una comida/cena en casa (ahora se acostumbra a hacerlo en un restaurante para evitarte la faena) y aquellos acuden con regalos, que compran entre todos, puesto que se han de corresponder con el metal de que se trata (plata, oro, diamantes) y claro, los bolsillos no están para individualidades.
Cuando la boda ha sido religiosa, previamente a la comida/cena se celebra una Eucaristía de Acción de Gracias en la que además de dar ídem para agradecer a Dios la felicidad y favores recibidos, se renuevan los votos matrimoniales, es una ceremonia sencilla en la que los esposos confirman lo que se prometieron hace 25, 50 ó 60 años.
Se suele hacer si es posible en la misma Iglesia donde se contrajo matrimonio, y se suele también procurar que la realice el mismo sacerdote, si esto es posible.
Son celebraciones mucho más sencillas y austeras que la primera boda, pero suelen ser mucho más emotivas y entrañables, puesto que participan los hijos y muchas veces, los nietos de la pareja, lo que la convierte en una celebración única y mucho más especial que la primera.
Y los ornamentos, por supuesto, se reducen a la mínima expresión; se valora mucho más las personas y el encuentro y celebración familiar.
Y en ambos casos, si es posible para la pareja, pues repiten el viaje de novios o hacen otro a otro lugar.
Hala, a mirar por qué boda váis.
