Todos los insecticidas son eficaces para todos los insectos.
Recuerda, los insectos o hexápodos son los que tienen seis patas.
Los que no sean insectos serán otros "bichos" y merecerán un producto específico para ellos. Por ejemplo, no matarás un caracol o una araña roja con insecticida.
Lo que sucede es que unos insectos son más difíciles de controlar que otros. Según sus hábitos se diseña el insecticida añadiéndole otros productos que pueden potenciar su eficacia contra una plaga determinada. También los modos y frecuencias de aplicación pueden diferir según el insecto de que se trate.
Pero en general, cualquier insecticida vale para cualquier insecto con tal de que entre en su organismo. Por ello hay que aplicarlos bien y buscar productos que se degraden con cierta facilidad con el fin de no contaminar tanto.
Por ejemplo, los piretroides se degradan en unos dos o tres días con la luz, el imidacloprid en una semana aproximadamente y el dimetoato tarda mucho más. Para según que plagas los piretriodes pueden resultar ineficaces por tanto habría que pasar al escalón superior.
La potencia de las armas empleadas debe ser proporcional al enemigo. No hay que estar echando bombas atómicas por un desgraciado pulgón.